Hay veces en las que cierta parte de mí te olvida. Más aún: esa parte de mí cree que nunca exististe. No es así. Es mas bien como si "Esa parte de mí, jamás te conoció". Es en esos momentos cuando creo que puedo ser feliz.
Son momentos atemporales, no sé si me explico: atemporales porque no logro saber cuando han empezado o cuando terminan. Atemporales porque pueden durar una semana, un suspiro, lo que dura el cruzar la calle o mirar un rato por la ventana. Son momentos en los cuales creo posible ser feliz con solo coger la fruta que se encuentra ya al alcance de la mano.
Hay veces en los que esos momentos empiezan durante el sueño: lo inundan todo; cada sueño, cada idea... luego despierto sin reconocer de donde nace esta calma, este fugaz descanso. El dia comienza entonces.
Sucede despues que, en su camino, aquella olvidadiza parte se encuentra con aquella parte que ya eres tú en mi. Es un circulo: Vuelvo a conocerte por primera vez otra - y otra - vez así, tan facil como dar vueltas sobre los mismos pasos, para encontrarme en esta realidad con ruido y desengaño.
Todo vuelve con la ligereza de una pompa de jabón, y puedo ver en sus contornos, como los colores al mutar, van recorriendo mis recuerdos: tu recogerte el cabello tras las orejas, tus labios al cantar, tu sonrisa que es pregunta a la vez... tu tristeza que es distancia y decepción.